Del Mundial Sub-17 al estrellato

**Para coronar la cumbre de una montaña, lo mejor es emprender la marcha pronto. Y esa regla puede aplicarse igualmente a quienes desean alcanzar el firmamento del fútbol mundial, que deben acostumbrarse lo antes posible al alto nivel. Ése es también uno de los motivos de la creación de la Copa Mundial Femenina Sub-17 de la FIFA. Corría el año 2008, y Nueva Zelanda fue elegida para organizar la prueba mundialista inaugural de las benjaminas. Desde entonces se han celebrado cuatro ediciones, y todas dieron a conocer a jugadoras que se han acercado a la gloria mundial o ya la han conquistado.

La japonesa Mana Iwabuchi es el mejor ejemplo de ello. Su técnica, su creatividad y su visión de juego le valieron el Balón de Oro adidas de la primera edición, en 2008, con apenas 15 años, y a pesar de que las niponas habían hecho las maletas en cuartos de final, lo que pone de manifiesto el avance que llevaba respecto a las demás chicas de su edad. Su talento precoz fue confirmado mediante una primera convocatoria con las Nadeshiko a los 17 años en 2010 y una victoria en la Copa Mundial Femenina de la FIFA™ al año siguiente. “Tener la oportunidad de jugar un certamen mundialista cuando eres joven es algo valioso e importante”, afirmó hace poco Iwabuchi a FIFA.com. “Una vez que te mides a las mejores jugadoras del mundo en las grandes competiciones internacionales, lo que quieres es seguir mejorando cada vez más. Yo me lo pasé muy bien en aquel Mundial”.

La estadounidense Morgan Brian, finalista aquel año, a buen seguro se divirtió mucho en las canchas neozelandesas. Y la decepción del tropiezo ante la RDP de Corea de Hong Myong Hui y Jon Myong Hwa sería atenuada unos años más tarde con el título mundial ganado en Canadá 2015.

Excelente cosecha alemana La alemana Dzsenifer Marozsan también brilló, al conducir a su equipo a semifinales gracias a sus goles, sus asistencias y su habilidad en las acciones a balón parado. Esas cualidades justifican el Balón de Plata adidas que recibió en Nueva Zelanda y explican su posterior éxito con las selecciones sub-20 y absoluta, adjudicándose, entre otros trofeos, el título mundial sub-20 en 2010, una Eurocopa Femenina y, por último, el Torneo Olímpico de Fútbol femenino Río 2016, que supuso su consagración. “Es el camino que una ha de recorrer para llegar a la selección absoluta”, confesó la delantera germana, que también recibió el Balón de Oro adidas del Mundial Sub-20 de 2012, torneo del que fue subcampeona. “Me alegro mucho de haber pasado por todas las categorías inferiores de Alemania, desde la sub-15 hasta la sub-20. El hecho de haber llegado a la absoluta se lo debo a todo el trabajo realizado en los combinados juveniles”.

La promoción sub-17 alemana de 2008 representó una añada excelente, ya que la atacante Alexandra Popp, la centrocampista Leonie Maier, la defensora Tabea Kemme y la guardameta Almuth Schultformaron parte asimismo del plantel medallista de oro en Río de Janeiro. Y fue también en Nueva Zelanda donde despegó la carrera internacional de la neozelandesa Rosie White, la brasileña Raquel Fernandes o las futuras Superpoderosas de Colombia Yoreli Rincón, Ingrid Vidal, Natalia Gaitán y Natalia Ariza, que se convertirían en valores seguros de su selección absoluta.

En cuanto a la zaguera inglesa Lucy Bronze, semifinalista en Oceanía, tuvo un papel fundamental en el tercer puesto de las británicas en la Copa Mundial Femenina de la FIFA Canadá 2015. “Sin el menor atisbo de duda, puede ser la mejor lateral derecha del mundo”, considera incluso el seleccionador Mark Sampson acerca de su joven pupila, que ahora tiene 23 años.

Dos años después, el Mundial Femenino Sub-17 hacía escala en Trinidad y Tobago, donde descubrimos a la alemana Melanie Leupolz, futura medallista olímpica en 2016, así como a la delantera nigeriana Francisca Ordega. El torneo también supuso los primeros pasos en el escenario mundial de la canadiense Ashley Lawrence y la brasileña Andressa, ahora fijas de sus selecciones, en parte gracias a la experiencia adquirida en la categoría sub-17. La centrocampista de las Canucks y la delantera de la Seleção volvieron a vestir los colores de sus respectivos países en Azerbaiyán 2012. “Intento transmitirles parte de mi experiencia, y aportar un poco más de seguridad al equipo”, explicaba entonces la auriverde a FIFA.com. “Yo les cuento cómo es el ambiente de un Mundial. Les advierto de que los partidos van a ser muy difíciles, pero hago lo posible para darles confianza”.

Recuerdos y emociones Pero aquel año, el Brasil de Andressa y la Canadá de Lawrence, y también de Kadeisha Buchanan, futura Mejor Jugadora Joven del Mundial de 2015, asistieron impotentes a la victoria de Francia y la eclosión de Griedge Mbock Bathy, Balón de Oro adidas de la prueba, más meritorio si cabe al tratarse de una defensa. Griedge Mbock ya se ha consolidado en la selección absoluta y en el Olympique de Lyon, pero conserva un grato recuerdo de su actuación en Azerbaiyán. “Tengo el trofeo en casa, en la vitrina en la que guardo todas las medallas que he ganado desde pequeña. Lo puse en el medio. Y cada vez que lo miro me trae muchísimos recuerdos y emociones”, contó a FIFA.comen 2014, antes de enfundarse de nuevo la elástica francesa en el Mundial Sub-20 de Canadá.

Ese mismo año se disputó en Costa Rica el torneo sub-17, que permitió al mundo descubrir el tándem ofensivo de Venezuela, Deyna Castellanos y Gabriela García, que se llevaron la Bota de Oro y la Bota de Plata, respectivamente, como mejores artilleras de la competición. Hina Sugita fue tercera en ese apartado, pero se erigió en protagonista al ganar el Balón de Oro y el título con Japón, convirtiéndose así en la última de las numerosas figuras que ha dado la Copa Mundial Femenina Sub-17 de la FIFA.

Las próximas se disponen a comenzar ahora su ascenso hacia las cumbres el 30 de septiembre, fecha de inicio de la edición de 2016, en Jordania.