FIFA
lunes 29 junio 2026, 16:00

Sebastián Rojí: el mate como brújula y consuelo en Guadalajara

  • Sebastián Rojí encuentra en el mate un refugio ante la tensión de la Copa Mundial de la FIFA 2026™

  • Acepta la eliminación de Uruguay con gratitud por la experiencia vivida

  • Su pasión trasciende el resultado: para él, el Mundial siempre es una fiesta

Guadalajara, a punto de cerrar su aventura en la fase de grupos de la Copa Mundial de la FIFA 2026™ con un Uruguay vs España que atraía las miradas del mundo entero, se transformó en el escenario de una tensión digna de definición de campeonatos.

Entre la marea de camisetas rojas y aficionados locales que arropaban a España, un pequeño reducto celeste resistía en las inmediaciones del estadio. Al frente de ellos, con una mezcla de ilusión pura y un nudo indomable en el estómago, se encontraba Sebastián Rojí. 

Llevaba una bandera uruguaya anudada al cuello, un amuleto textil que cargaba su propia historia: “Nuestra primera bandera de Mundial, la compramos en Miami”, recordaba frente a la cámara de Inside FIFA, sabiendo que ese pedazo de tela los había acompañado en cada paso de la travesía norteamericana. 

Pero el fútbol, antes de convertirse en noventa minutos de juego, es una espera cargada de zozobra. “La verdad es que hay muchos nervios, sinceramente muchos nervios”, confesaba Sebastián, reconociendo el peso de medirse ante un titán, pero aferrándose a la mística de los suyos.

Sin embargo, para un uruguayo, el antídoto contra la incertidumbre no se encuentra en la euforia colectiva, sino en la intimidad de un gesto repetido mil veces. Horas antes de caminar hacia el coloso de Zapopan, en el silencio de un refugio transitorio, Sebastián ataba sus emociones a un termo y un porongo de yerba. El mate surgía entonces como una patria portátil, el único ritual capaz de adormecer el miedo, encauzar la esperanza y, eventualmente, controlar la tristeza.

El ritual que no conoce fronteras

Para Sebastián, el mate no es una elección azarosa ni una infusión de ocasión; es una extensión de su propia anatomía. En la tensa calma de la previa, la preparación de la jornada no estuvo marcada por la estricta planificación logística, sino por una coreografía minuciosa que ejecuta con la naturalidad de quien respira:

“Llegamos a un lugar donde había que acomodar los muebles. Llegamos con mi padre, cargando cosas con una mano y con el mate en la otra, como si fuera algo que siempre tenemos con nosotros, como si estuviéramos acostumbrados a llevarlo a cuestas... Caminamos por la calle y llevamos el mate caminando a todos lados”.

No se trata únicamente de saciar la sed, sino de sostener una arquitectura verde que requiere paciencia, respeto y una técnica rigurosa que actúa como un cable a tierra frente a la fragilidad de los nervios mundialistas:

“La idea es que te quede una montañita seca ahí. Ese es nuestro orgullo, que cuando lo preparamos haya un poco de espuma... Siempre se comparte con otros en el sentido de las agujas del reloj. Si decís 'gracias', es porque no querés más mate”.

Uruguay v Spain: Group H - FIFA World Cup 2026

La tensión previa al juego

A medida que las manecillas del reloj avanzaban hacia el horario del partido, la parsimonia doméstica de la cebadura cedió su lugar a la peregrinación sobre el cemento. Los uruguayos sabían que el compromiso ante España demandaba una lucidez histórica; se jugaban la clasificación a los dieciseisavos de final en el único choque de la fase de grupos que enfrentaba a dos campeones del mundo. 

Sebastián, consciente del peso de la camiseta celeste pero despojado de romanticismos ciegos, analizaba el escenario con el pragmatismo del buen observador sudamericano:

“Uruguay marca la diferencia en los Mundiales. Suele ser en esos partidos más difíciles donde históricamente siempre da un paso al frente. Pero los equipos son mucho más fuertes y no se gana solo con el escudo, hay que ganar en la cancha, jugando al fútbol y dejándolo todo en el césped”.

Para la perspectiva charrúa, la "garra" debe materializarse sí o sí sobre el pasto. “Creo que Uruguay tiene mucha garra, y eso puede marcar la diferencia en un partido como este. Tenemos jugadores de primer nivel... pero nuestra energía y nuestra fuerza emocional serán las que marquen la diferencia hoy. Si tenemos eso, podemos ganar el juego. Este partido será una guerra para nosotros. Literalmente, el equipo de Uruguay dará la vida por este partido...”.

Uruguay v Spain: Group H - FIFA World Cup 2026

El dolor de la caída y la dignidad del adiós

El fútbol, sin embargo, dictó su sentencia inapelable. España se quedó con el triunfo con un gol agónico y Uruguay con las manos vacías, consumando una eliminación temprana que caló hondo en la tribuna celeste. 

Al salir del estadio, bajo la noche de Guadalajara, el dolor no se tradujo en reproches airados ni en la búsqueda destructiva de culpables. En el rostro de Sebastián se dibujaba esa melancolía noble del que sabe perder porque entiende que la derrota también forma parte del inventario del fútbol.

Allí, en el repliegue, el mate volvió a aparecer en el imaginario, ya no como el motor de la ilusión, sino como el bálsamo necesario para digerir la tristeza. Con el sabor amargo de la despedida, Sebastián procesaba el golpe desde la gratitud del camino recorrido y el orgullo de la identidad defendida, rescatando la belleza del viaje por encima de la tiranía del resultado:

“Me encantó, sinceramente. Es mi primer Mundial y estoy muy feliz tanto con los partidos en Miami como con el de aquí; fueron todos encantadores. También las experiencias con los aficionados, conocer los estadios y viajar para apoyar a tu selección. Cantar el himno nacional con toda tu gente es una fuente de inmenso orgullo. Aunque a veces los resultados marquen la diferencia... estamos tristes en este momento, aunque sé que nos sentiremos un poco mejor mañana. Tendremos otra oportunidad en cuatro años para dar vuelta a la historia”.

Fans cheer before the 2026 World Cup Group H football match between Saudi Arabia and Uruguay

El termo sigue lleno

Cuando las luces del estadio comenzaron a apagarse y los festejos ajenos se convirtieron en un eco lejano en las avenidas tapatías, los hinchas uruguayos iniciaron la retirada de los túneles. Sebastián Rojí, despojado ya de la urgencia del marcador, resumía los días vividos con la entereza del que sabe que la gran fiesta del fútbol excede los límites de la propia decepción:

“Mi equipo ya no compite... pero quiero disfrutar de todo lo que queda e ir a tantos partidos como sea posible. Veremos la final, un partido tremendo, que será una gran experiencia. Me hubiera encantado que mi selección estuviera allí, pero esperemos tener el mejor partido posible. El Mundial es una fiesta, no importa quién juegue”.

Uruguay se marchó de la competencia, pero la patria portátil de Sebastián permanece intacta. El agua volverá a calentarse a la temperatura justa, la montañita de yerba volverá a levantarse limpia y seca, dispuesta a recibir una nueva cebadura. Porque para el uruguayo el tiempo es circular y, mientras el termo siga lleno, siempre habrá otra ronda, otra víspera y otra oportunidad para volver a empezar.