jueves 21 enero 2016, 16:36

Miya, un trabajador rumbo a la gloria

Los 18 años son una edad simbólica. En casi todos los países es la línea divisoria que marca la mayoría de edad legal. Supone el final de la adolescencia y el principio de la vida adulta, cuando se debe mostrar madurez y responsabilidad. El genial ugandés Faruku Miya ya sabe algo de eso. A sus 18 años, este jugador nacido en Bulo encarna las esperanzas de todo un pueblo ansioso por disputar la Copa Africana de Naciones desde su última participación en el torneo, en 1978. Viste el dorsal número 10 de las Grullas y es el director de orquesta del equipo, su principal artillero, puntal y, ahora, también capitán.

“Más que sentir presión, considero todo esto un privilegio. Es un honor vestir el brazalete de capitán de la selección ugandesa. Que hayan depositado en mí la confianza necesaria para poder cumplir esta misión me ha emocionado mucho”, cuenta a FIFA.com. “Pero mentiría si dijese que no estoy algo nervioso. Algunos compañeros tienen más experiencia, como es natural. Y designarme capitán quizás desconcertase a algunos. Pero creo que he respondido a las expectativas”.

Y se queda corto. Su año 2015 fue ejemplar. Tras llegar sin hacer ruido al combinado ugandés en 2014, marcó su primer gol en marzo de 2015, el único tanto de un amistoso ante la temible Nigeria de Vincent Enyeama, que celebraba entonces su partido número 100 como internacional. En junio, el mediapunta del Vipers SC fue elegido mejor jugador de la temporada 2014/15 de la liga ugandesa. En octubre, frente a Sudán, anotó un doblete que clasificó a las Grullas para el Campeonato Africano de Naciones 2016, en el que debutó este 19 de enero con un gol y una asistencia en el 2-2 contra Malí. En noviembre firmó tres de las cuatro dianas de los suyos en los dos encuentros de la eliminatoria ante Togo, convirtiéndose así en artífice de la clasificación de Uganda para la tercera ronda de la competición preliminar de la Copa Mundial de la FIFA Rusia 2018™.

Hubo que esperar a diciembre para que asistir a la guinda del pastel: Miya marcó tres veces en la Copa CECAFA —el torneo que enfrenta a las naciones del este y el centro de África— y Uganda alzó su 14º trofeo en la historia del certamen.

“No soy yo quien debe juzgar mis actuaciones, pero tampoco puedo contentarme con esto”, asegura el joven, recientemente fichado por el Stand de Lieja. “Para mí, lo importante es el mañana. Es saber adónde voy y cómo voy a conseguir los recursos necesarios para llegar. Lo único que puedo decir es que me he esforzado muchísimo. Antes de este año 2015 no era nadie, pero tampoco puede decirse que me haya hecho un nombre”, dice con modestia. Pero los méritos lo rebaten.

Un ilustre desconocido Este ilustre desconocido —o desconocido ilustre, cabría decir— nació el 26 de noviembre de 1997 en Bulo, en Uganda. Después de pasar los primeros años de su vida con su padre, se marchó a vivir con su madre a Kampala, donde frecuentó la escuela y también se formó como futbolista.

“Al principio mi madre era algo reticente a que jugase al fútbol. No creía que pudiese llegar a vivir de ello. Pero mi pasión por el fútbol era demasiado intensa”, recuerda. Y su calidad saltaba a la vista. Tras formarse en el St Mary’s SS Kitende, con el que ganó dos campeonatos universitarios consecutivos, en 2013 fichó por el Vipers SS.

Allí se produjo su explosión. “Es un buen muchacho, humilde y educado, que no ha venido a dar un espectáculo. En el fútbol, no complica el juego. Solamente hace cosas sencillas. Pero son cosas que ayudan al equipo a ganar: ¡pasar, moverse, tirar y marcar!”, describió su entrenador, Edward Golola, en las columnas de The Observer. De este modo, Miya contribuyó con once goles y varias asistencias al segundo título de liga de la historia del club, tras el conquistado en 2010.

“Yo creo que las características de un futbolista, sea quien sea, dependen del equipo en el que juegue. No son inmutables. Hay muchos jugadores que sueñan con ser profesionales, pero yo estoy convencido de que todo depende del comportamiento y de la mentalidad, dentro y fuera de la cancha, y no de estadísticas”, señala Miya, antes de concluir: “No es un jugador el que hace un equipo, sino un equipo el que hace a un jugador. Yo no soy más que un eslabón de una cadena”.

Pero sin dudas, un eslabón muy fuerte.