Los grandes acontecimientos deportivos no son muy habituales en Papúa Nueva Guinea, por lo que despiertan un interés especial. Así, no ha sorprendido que Port Moresby rebose pasión y un contagioso entusiasmo en vísperas de la inauguración de la Copa Mundial Femenina Sub-20 de la FIFA, este domingo.
En la selección papú figuran jugadoras de distintas regiones del país, compuesto por llamativas zonas costeras, escarpadas áreas montañosas y un sinfín de islas que rodean la principal. Que el plantel tenga tal diversidad geográfica no es algo tan simple como parece. La población de Papúa Nueva Guinea se halla repartida por diversas regiones, algunas de ellas remotas, y muchas localidades únicamente se pueden alcanzar por vía aérea o tras arduos viajes por carretera.
Para las principales protagonistas —las jugadoras de Papúa Nueva Guinea—, este es un momento especialmente único. Pero dos en concreto, Nicollete Ageva y Joy Tsuga, han recorrido un camino atípico para formar parte de este hito en la historia papú. Ambas están relacionadas con Bougainville, la región septentrional antaño desgarrada por los conflictos.
Una suerte inesperada Ageva estaba jugando un partidillo informal con amigas de la escuela cuando su vida dio un giro repentino, insólito y fortuito. La espigada y veloz delantera llamó la atención de un entrenador de Just Play, el programa de desarrollo futbolístico de la OFC, quien la recomendó para una prueba con la selección nacional. Fue hace poco más de doce meses, y desde entonces todo ha cambiado para esta tímida muchacha de 18 años.
“La primera vez que vine a la selección las demás jugadoras me daban mucho miedo”, confiesa Ageva a FIFA.com. “Me quedé todo el tiempo en mi habitación. ¡Pero ahora soy otra persona!”.
Ageva impresionó a la seleccionadora nacional —la exinternacional estadounidense Lisa Cole— en el centro de entrenamiento de la Federación Papú, en Goroka. Y es ya uno de los puntales del modesto combinado local que dará el pistoletazo de salida al torneo frente a la temible Brasil, en la impecable cancha del Estadio John Guise. El tosco terreno de juego que había cerca de su casa no podría estar ahora más lejos, metafórica y literalmente.
Los padres de Ageva han tenido que afrontar un gasto significativo para desplazarse en avión hasta la capital desde Bougainville. “Me siento orgullosa de mí misma, y estoy entusiasmada”, dice Ageva cuando se le pregunta qué emociones espera vivir en la jornada inaugural. “Voy a darlo todo por la gente que estará mirando. Ya estoy deseando jugar el primer partido”.
La centrocampista Tsuga también tiene una conexión con Bougainville, puesto que vivió allí durante dos años, aunque se crio principalmente en Port Moresby. Tsuga es una futbolista de pura cepa: su padre era supervisor de arbitraje de la Federación de Fútbol de Port Moresby y su hermano también fue un jugador apasionado. Por desgracia, ambos fallecieron hace pocos años, el segundo de ellos en un accidente de tráfico.
“Perder a dos familiares es algo muy duro. Lo llevo siempre en el corazón”, reconoce claramente emocionada Tsuga, que también tiene dos hermanas futbolistas, a las que sirve de ejemplo. “Mi hermano más pequeño no juega, pero a lo mejor al crecer se convence”, añade, recuperando la sonrisa. Esta pequeña centrocampista transmite la impresión de tener el ánimo necesario para afrontar un reto tan especial como este.
La espera ha llegado a su fin Para estas muchachas, la espera se hizo interminable: parecía que el mundo nunca iba a venir a Papúa Nueva Guinea. “Ahora la sensación es distinta”, dice Tsuga. “Por fin es algo real. Llevábamos mucho tiempo entrenándonos. El tiempo pasaba, y pensábamos que no terminaría. Pero cuando llegó el momento, y vimos la seguridad y todo lo demás , nos dimos cuenta de que jamás habíamos asistido a algo así en Papúa Nueva Guinea. No lo olvidaremos nunca”.
“Estamos entusiasmadas, nerviosas, orgullosas. Ver que la gente nos apoya en todos los sitios a los que vamos, y nos saluda, con pancartas de ‘Go PNG’, nos hará darlo todo para jugar a nuestro mejor nivel y conseguir que se sientan orgullosos”.
Los papúes se han volcado con el torneo, y es posible que lo aprecien más que las naciones acostumbradas a organizar grandes pruebas. Los grupos comunitarios que brindaron una calurosa bienvenida a todas y cada una de las 15 naciones visitantes dan fe de ello. Y, del mismo modo, las jugadoras papúes, a pesar de su juventud, parecen agradecer el carácter especial de este certamen. “Al ver a todo el mundo venir a nuestro país”, concluye Ageva, “me doy cuenta de cuál es el espíritu del deporte y del fútbol, y es algo verdaderamente apasionante”.