El autobús del equipo retumbaba con el sonido de ruidosas carcajadas y canciones tradicionales. Costaba creer que, poco más de 12 horas antes, esa misma selección de Nueva Zelanda hubiera caído eliminada de un Mundial.
La conclusión lógica era que su destino, la ciudad de Petra –el lugar turístico más popular y espectacular de Jordania–, constituía el estímulo idóneo para levantar la moral, luego de que la derrota por 2-0 ante España hubiese acabado con sus esperanzas en la Copa Mundial Femenina Sub-17 de la FIFA 2016. Pero no era así, según la jefa de equipo, Kelly Bolus.
“Sinceramente, las chicas ni siquiera necesitaban que las animaran”, asegura. “Es un grupo magnífico el que tenemos aquí; decididamente, no hay gruñonas malhumoradas ni divas. Y aunque, como cosa excepcional, estuviesen decepcionadas con lo que representaba el resultado contra España, en cuanto a que nos dejaba eliminadas, también estaban orgullosas del rendimiento que habían ofrecido”.
“El cuerpo técnico también lo hace bien”, continúa Bolus, “pues busca mantener la concentración en los aspectos positivos y en aquello de lo que pueden aprender las jugadoras. Es un grupo joven –nuestra portera titular, por ejemplo, sólo tiene 15 años– y, el próximo mes, entre cuatro y seis de estas chicas acudirán al Mundial sub-20 en Papúa Nueva Guinea. Todas ellas, la plantilla al completo, sacarán muchísimo provecho de las experiencias que están viviendo aquí en Jordania”.
Lo que enseguida se aprecia claramente en las jugadoras de Nueva Zelanda es que, hagan lo que hagan –ganar, perder, llorar o cantar–, lo hacen como equipo. Así, ya se tratase de hacer la ola de una punta a otra del autobús, de jugar a juegos o de hacerse trenzas, no había ninguna que se quedara al margen de la fiesta, como confirma la delantera Sam Tawharu a FIFA.com: “Llevamos ya un tiempo juntas, y las chicas han conectado de veras. Siempre nos echamos unas buenas risas juntas”.
En todo caso, la ilusión por dirigirse a ese imponente enclave arqueológico era evidente, y plenamente merecida. Incluida en 2007 entre las nuevas 7 maravillas del mundo moderno, junto a monumentos tan extraordinarios como el Taj Mahal, Machu Picchu o la Gran Muralla China, Petra –mitad excavada y mitad esculpida en la roca– hace honor sobradamente a su fama mundial.
Grandes experiencias deportivas y extradeportivas “Es asombroso pensar que todo se construyó hace tanto tiempo”, resalta la portera Anna Leat, reflexionando sobre las estimaciones de que la ciudad se remonta al año 312 a.C. “Venir a un lugar como éste con un grupo de chicas, gracias a que jugamos al deporte que amamos… es bastante impresionante”.
La centrocampista Aloisi Bloomfield, por su parte, prefiere destacar la belleza de la arquitectura, mientras Claudia Bunge se muestra igualmente impresionada: “Es imponente y muy diferente a lo que tenemos en nuestro país”, señala la espigada defensa, entusiasmada.
Y aunque el equipo regrese a Nueva Zelanda antes de lo que esperaban, lo hará con los recuerdos más entrañables de Jordania y su gente. Bolus cree además que, aunque el fútbol no haya dejado de ser su objetivo fundamental, las experiencias extradeportivas de las jugadoras han ampliado sus horizontes, y han abierto los ojos a más de una.
“Ha sido positivo ofrecerles una percepción del país que están visitando; e ir al Mar Muerto y a Petra, definitivamente, ha cambiado algunos de los prejuicios sobre cómo sería Jordania”, asegura. “Todas ellas han salido de estas experiencias alabando lo absolutamente extraordinario que es el país, y cómo ha superado todas sus expectativas”.
“Petra, obviamente, era un punto culminante”, continúa Bolus. “Es un viaje bastante largo desde Ammán, pero merece la pena; y nuestras chicas –como puede verse– son fantásticas cuando se trata de divertirse. Habría estado bien haber permanecido más tiempo allí, porque es un lugar realmente maravilloso. Pero aun así, tuvieron tiempo para apreciar su belleza, pasearse por allí, montarse en un camello –creo que todas se subieron a uno– y regatear con los vendedores del lugar”.
“Y por supuesto”, añade sonriendo, “¡hubo muchas canciones en el camino tanto de ida como de vuelta!”.