sábado 05 noviembre 2016, 10:43

Boyd recuerda a Braveheart, Gazza y el imponente Wembley

****La rivalidad entre Escocia e Inglaterra es la más antigua del fútbol internacional. Los choques entre ambos países nunca resultan triviales. Sin embargo, el verano de 1996 asistió a un duelo revestido de un significado más especial todavía.

Que el partido se disputase en un gran torneo -el primero en el que se cruzaron ambos vecinos- ya fue de por sí un factor importante. Pero también había un elemento emotivo durante los agitados días previos a la contienda, provocado más por el séptimo arte que por la UEFA EURO 96.

El telón de fondo era nada menos que Braveheart,* éxito de taquilla que contaba la historia de William Wallace, héroe de la Primera Guerra de Independencia de Escocia frente a los ingleses. La película de Mel Gibson había dominado la ceremonia de los Óscar apenas dos meses antes, y en Escocia levantó pasiones en torno a este encuentro con su auld enemy*.

"Se le dio una publicidad enorme", recuerda Tom Boyd, uno de los pilares de aquella selección escocesa. "Llevábamos siete u ocho años sin jugar contra Inglaterra, todo el mundo estaba deseando que llegase. Incluso con la celebración del torneo en sí, la gente parecía hablar únicamente de ese partido”. Y no es para menos en este contexto: Braveheart había hecho que la rivalidad Escocia-Inglaterra despertase una curiosidad enorme en todo el mundo.

“Craig Brown incluso llevó a todo el plantel a ver antes una proyección especial de Braveheart, para que nos encendiésemos. Por desgracia, el resultado de Wembley fue el mismo que en la película: ¡al final perdieron los escoceses! Por lo menos no se nos ahorcó y descuartizó . Aunque sí creo que algunos de nuestros hinchas estaban dispuestos a hacerle eso a Gary McAllister cuando falló el penal...”.

La genialidad de Gazza El lanzamiento de McAllister desde los once metros, que detuvo David Seaman cuando el marcador señalaba un 1-0 y los escoceses dominaban, acabaría siendo considerado el punto de inflexión del partido. Unos momentos más tarde, una revitalizada Inglaterra se lanzó hacia la meta contraria y sentenció poniendo el 2-0 definitivo, gracias a un jugador que Boyd conocía a la perfección: Paul Gascoigne, un hombre al que el defensor del Celtic de Glasgow ya se había enfrentado en varias ocasiones durante los clásicos del Old Firm, lo que no sirvió para que las interminables repeticiones de la jugada fuesen menos dolorosas.

“Debí haber visto ese gol unas cien veces”, se lamenta. “Es una genialidad, de eso no cabe duda. En aquel momento Gazza jugaba en el Rangers, así que todos sabíamos de qué era capaz. Lo irónico era que estaba a punto de ser sustituido. No estaba en condiciones de aguantar los 90 minutos, y nosotros estábamos dominando en el mediocampo, así que Venables ya había preparado el cambio. Pero Gascoigne podía crear momentos así, y obviamente ahora la gente recuerda el partido por eso”.

“Desde un punto de vista neutral, fue un encuentro brillante. Lamentablemente para nosotros, acabamos sufriendo una derrota muy desafortunada, todos nos quedamos destrozados. No es algo agradable de recordar ni siquiera ahora, porque acabó costándonos caro. Habíamos empatado con Holanda y luego vencimos a Suiza, y al final nos quedamos fuera por diferencia de goles, por un solo gol, con los neerlandeses. También pudimos haberle ganado a Inglaterra. Cuando se produjo el penal estábamos siendo superiores, eso seguro. Si llega a entrar, todo estaría de nuevo por decidir. Pero el arquero lo paró, eso nos cortó las alas, y después del gol de Gazza ya no hubo manera”.

Veinte años de dolor Ni tampoco tendrían nunca, al menos Boyd, la oportunidad de desquitarse ante este oponente. A pesar de protagonizar 72 internacionalidades, ese partido de la Eurocopa 96 sería —y aún lo lamenta hoy en día— su único encuentro frente a los ingleses. Por lo tanto, verá ahora con cierta envidia cómo el equipo de Gordon Strachan entra este viernes en la cancha del remodelado Wembley entre los gritos y abucheos de 90.000 espectadores.

Aun así, el plantel actual cambiaría con gusto ese privilegio por los tres grandes torneos en los que participó el antiguo zaguero del Celtic y el Chelsea, entre ellos la Copa Mundial de la FIFA 1998™. En aquel momento, la presencia de Escocia en esas pruebas prácticamente se daba por segura —cuando acudió a Francia 1998, se había clasificado para seis de los siete Mundiales más recientes—, pero eso cambió en los años transcurridos desde entonces. Cuando llegue Rusia 2018, habrán pasado dos décadas desde la última actuación de los escoceses en una de las grandes citas del deporte rey, y sus recientes resultados —un empate a 1-1 en casa de Lituania y una derrota por 3-0 en Eslovaquia— no indican que la situación vaya a cambiar en lo inmediato.

Una consecuencia de estas dificultades es que, aun con la eliminación en la primera ronda de Francia 1998, ese torneo —e incluso el desafortunado gol en propia meta de Boyd durante el encuentro que perdieron por estrecho margen en su estreno contra Brasil— se ve ahora desde otra perspectiva, más positiva. Aunque a él esa melancolía no llegue a convencerle…

“Ojalá estuviera ya olvidado el partido de Brasil”, admite. “Pero la falta de éxitos desde entonces significa que es el último gran torneo que podemos recordar y comentar. Por eso, ahora la gente habla de aquel partido con bastante cariño. Una vez más, jugamos bastante bien, y perdimos por mala suerte”.

“De ningún modo habría pensado entonces que seguiríamos esperando por otro gran torneo después de tantos años. Esperemos que esta racha termine pronto, y parece que al menos en la Eurocopa ahora va a ser más fácil, al haber más plazas. La clasificación para el Mundial sigue siendo muy complicada, y el comienzo que hemos tenido no nos ha facilitado nada las cosas. Pero sí estoy convencido de que Escocia, y en especial los hinchas escoceses, mejoran cualquier competición a la que lleguen, así que a ver si la selección puede sorprendernos a todos estando en Rusia”.

“Siempre tengo la sensación de que jugamos mejor cuando la gente no apuesta por nosotros, así que… ¿quién sabe? Si somos capaces de conseguir un buen resultado en Wembley contra nuestro viejo enemigo, a lo mejor tenemos una oportunidad”.