Papúa Nueva Guinea acaricia una gesta histórica
Tan sólo 90 minutos separan a Papúa Nueva Guinea de lo que hasta hace poco se antojaba un logro inimaginable: conquistar la Copa de Naciones de la OFC y, con ello, abrirse un hueco en el cartel de élite, compuesto por ocho equipos, de la Copa FIFA Confederaciones Rusia 2017. La final del sábado en la capital del país, Port Moresby, promete convertirse en el acontecimiento futbolístico más importante jamás celebrado en una nación donde el rugby a 13 ha sido tradicionalmente el rey.
En el camino de Papúa Nueva Guinea se interpone Nueva Zelanda, una selección que busca recuperar el título tras su sorprendente derrota en la semifinal de 2012. Para muchos, los All Whites parten como grandes favoritos. No en vano, atesoran cuatro campeonatos continentales y son habituales en las competiciones de la FIFA, incluida su participación en la Copa Mundial de la FIFA Sudáfrica 2010™, donde el equipo ofreció una actuación más que notable.
El registro internacional de Papúa Nueva Guinea es, a lo sumo, modesto. Los papúes habían competido en sólo tres campañas previas de clasificación para el Mundial. Además, Papúa Nueva Guinea no había alcanzado jamás las semifinales de la Copa de Naciones, y no digamos ya una final. Por consiguiente, la victoria de los locales se convertiría en una gesta histórica que eclipsaría incluso el inesperado triunfo de Tahití de hace cuatro años.
En pos de un sueño improbable No obstante, Flemming Serritslev, seleccionador papú, no comparte la opinión de que su equipo llega al partido con la etiqueta de comparsa. “Puede que suene a tópico simplista, pero nos parece un partido muy igualado”, asegura a FIFA.com. “Lo mismo pensamos de la semifinal contra Islas Salomón, cuando dije a los jugadores: ‘Será duro y muy igualado, y todo dependerá de quién sepa controlar mejor los nervios y de quién tome la iniciativa’. Ni que decir tiene, Nueva Zelanda será un rival muy difícil, pero también lo han sido Nueva Caledonia, Tahití e Islas Salomón”.
Papúa Nueva Guinea, o los Kapuls como se les conoce afectuosamente, se auparon al primer puesto de su grupo para, a continuación, clasificarse para la gran final con una victoria por 2-1 sobre la muy respetada selección de Islas Salomón. Nueva Zelanda, por el contrario, se vio presionada durante la mayor parte del partido contra Nueva Caledonia, a la que acabó ganando 1-0 no sin sufrimiento.
Serritslev, el veterano entrenador danés que ha aportado experiencia y tranquilidad al vestuario de Papúa Nueva Guinea, ha logrado infundir en sus hombres una profunda seguridad en sus propias fuerzas. “Llevo trabajando en levantarles la moral y darles fe desde el principio. Era evidente que los jugadores tenían una gran habilidad, pero algunos dudaban de sí mismos. Actualmente, sin embargo, estoy convencido de que ya no tienen dudas. Además, se han dado cuenta de que pueden conseguir buenos resultados a este nivel".
El técnico asegura que los jugadores papúes no se arrugan bajo el peso de las expectativas. “Hemos disfrutado de un gran apoyo, pero tengo que elogiar a los muchachos porque han demostrado al público desde el primer momento que quieren dejar muy alto el pabellón de este país. Cuando queda claro que luchas y que lo das absolutamente todo, la afición sigue apoyándote”.
“En ocasiones, si las expectativas que recaen sobre el equipo anfitrión son enormes, a los jugadores les cuesta estar a la altura y se ponen nerviosos. Sin embargo, este grupo no ha acusado en absoluto los nervios ante su propio público”.
Un último obstáculo para los kiwis Mientras Papúa Nueva Guinea buscará un logro histórico en el estadio Sir John Guise, el partido también se presenta trascendental para Nueva Zelanda. Los kiwis han pasado por un periodo de altibajos desde el Mundial de 2010. Después de su descalabro en la Copa de Naciones de 2012, sufrió la dolorosa derrota contra México en la repesca intercontinental para Brasil 2014, con la subsiguiente marcha del seleccionador Ricki Herbert tras muchos años en el cargo.
Su nuevo técnico, Anthony Hudson, ha dirigido al equipo en sólo seis partidos en los dos años previos a esta Copa de Naciones. Los All Whites, no obstante, exorcizaron algunos fantasmas con la victoria del miércoles sobre su verdugo de 2012, Nueva Caledonia.
“Desde que accedí al cargo, ésta es la primera vez que hemos pasado juntos un periodo de tiempo prolongado”, cuenta Hudson a FIFA.com. “Creo que lo más importante es que hemos disputado partidos y hemos podido trabajar en diversos aspectos después. Hemos ido mejorando poco a poco. Te complica mucho las cosas que, tras un partido, no vuelvas a ver al equipo hasta cinco o seis meses después. Cuando empiezas a repasar, en realidad estás prácticamente comenzando otra vez de cero. En cada partido, nos encontramos de nuevo afinando al equipo y perfeccionando el plan de juego”.
En las filas de Nueva Zelanda destaca la ausencia de su capitán y autor del gol de la victoria en semifinales, Chris Wood, por razones personales. El combinado tampoco podrá contar en la final con el mediocampista Prelevic ni con el defensa Themi Tzimopoulos.
“Antes de la competición, estábamos muy emocionados. Hablábamos constantemente (de la clasificación para la Copa FIFA Confederaciones) y soñábamos con ella", afirma Hudson. "Pero ahora todos necesitamos tener disciplina y dejar las emociones a un lado. Ahora todo el trabajo duro y las semanas de preparaciones tienen que dar frutos: sólo vale ganar”.
Seguramente, el mejor resultado que haya conseguido jamás Papúa Nueva Guinea se produjo en 1997, cuando se impuso a Nueva Zelanda por 1-0 en su primera campaña de camino al Mundial. Sigue siendo su única victoria contra los kiwis. Reeditar este sábado aquel logro de hace casi 20 años supondría un punto de inflexión para el fútbol del país, en un año en el que también la Copa Mundial Femenina Sub-20 de la FIFA se celebrará en la nación melanesia.

Tan sólo 90 minutos separan a Papúa Nueva Guinea de lo que hasta hace poco se antojaba un logro inimaginable: conquistar la Copa de Naciones de la OFC y, con ello, abrirse un hueco en el cartel de élite, compuesto por ocho equipos, de la Copa FIFA Confederaciones Rusia 2017. La final del sábado en la capital del país, Port Moresby, promete convertirse en el acontecimiento futbolístico más importante jamás celebrado en una nación donde el rugby a 13 ha sido tradicionalmente el rey.
En el camino de Papúa Nueva Guinea se interpone Nueva Zelanda, una selección que busca recuperar el título tras su sorprendente derrota en la semifinal de 2012. Para muchos, los All Whites parten como grandes favoritos. No en vano, atesoran cuatro campeonatos continentales y son habituales en las competiciones de la FIFA, incluida su participación en la Copa Mundial de la FIFA Sudáfrica 2010™, donde el equipo ofreció una actuación más que notable.
El registro internacional de Papúa Nueva Guinea es, a lo sumo, modesto. Los papúes habían competido en sólo tres campañas previas de clasificación para el Mundial. Además, Papúa Nueva Guinea no había alcanzado jamás las semifinales de la Copa de Naciones, y no digamos ya una final. Por consiguiente, la victoria de los locales se convertiría en una gesta histórica que eclipsaría incluso el inesperado triunfo de Tahití de hace cuatro años.
En pos de un sueño improbable No obstante, Flemming Serritslev, seleccionador papú, no comparte la opinión de que su equipo llega al partido con la etiqueta de comparsa. “Puede que suene a tópico simplista, pero nos parece un partido muy igualado”, asegura a FIFA.com. “Lo mismo pensamos de la semifinal contra Islas Salomón, cuando dije a los jugadores: ‘Será duro y muy igualado, y todo dependerá de quién sepa controlar mejor los nervios y de quién tome la iniciativa’. Ni que decir tiene, Nueva Zelanda será un rival muy difícil, pero también lo han sido Nueva Caledonia, Tahití e Islas Salomón”.
Papúa Nueva Guinea, o los Kapuls como se les conoce afectuosamente, se auparon al primer puesto de su grupo para, a continuación, clasificarse para la gran final con una victoria por 2-1 sobre la muy respetada selección de Islas Salomón. Nueva Zelanda, por el contrario, se vio presionada durante la mayor parte del partido contra Nueva Caledonia, a la que acabó ganando 1-0 no sin sufrimiento.
Serritslev, el veterano entrenador danés que ha aportado experiencia y tranquilidad al vestuario de Papúa Nueva Guinea, ha logrado infundir en sus hombres una profunda seguridad en sus propias fuerzas. “Llevo trabajando en levantarles la moral y darles fe desde el principio. Era evidente que los jugadores tenían una gran habilidad, pero algunos dudaban de sí mismos. Actualmente, sin embargo, estoy convencido de que ya no tienen dudas. Además, se han dado cuenta de que pueden conseguir buenos resultados a este nivel".
El técnico asegura que los jugadores papúes no se arrugan bajo el peso de las expectativas. “Hemos disfrutado de un gran apoyo, pero tengo que elogiar a los muchachos porque han demostrado al público desde el primer momento que quieren dejar muy alto el pabellón de este país. Cuando queda claro que luchas y que lo das absolutamente todo, la afición sigue apoyándote”.
“En ocasiones, si las expectativas que recaen sobre el equipo anfitrión son enormes, a los jugadores les cuesta estar a la altura y se ponen nerviosos. Sin embargo, este grupo no ha acusado en absoluto los nervios ante su propio público”.
Un último obstáculo para los kiwis Mientras Papúa Nueva Guinea buscará un logro histórico en el estadio Sir John Guise, el partido también se presenta trascendental para Nueva Zelanda. Los kiwis han pasado por un periodo de altibajos desde el Mundial de 2010. Después de su descalabro en la Copa de Naciones de 2012, sufrió la dolorosa derrota contra México en la repesca intercontinental para Brasil 2014, con la subsiguiente marcha del seleccionador Ricki Herbert tras muchos años en el cargo.
Su nuevo técnico, Anthony Hudson, ha dirigido al equipo en sólo seis partidos en los dos años previos a esta Copa de Naciones. Los All Whites, no obstante, exorcizaron algunos fantasmas con la victoria del miércoles sobre su verdugo de 2012, Nueva Caledonia.
“Desde que accedí al cargo, ésta es la primera vez que hemos pasado juntos un periodo de tiempo prolongado”, cuenta Hudson a FIFA.com. “Creo que lo más importante es que hemos disputado partidos y hemos podido trabajar en diversos aspectos después. Hemos ido mejorando poco a poco. Te complica mucho las cosas que, tras un partido, no vuelvas a ver al equipo hasta cinco o seis meses después. Cuando empiezas a repasar, en realidad estás prácticamente comenzando otra vez de cero. En cada partido, nos encontramos de nuevo afinando al equipo y perfeccionando el plan de juego”.
En las filas de Nueva Zelanda destaca la ausencia de su capitán y autor del gol de la victoria en semifinales, Chris Wood, por razones personales. El combinado tampoco podrá contar en la final con el mediocampista Prelevic ni con el defensa Themi Tzimopoulos.
“Antes de la competición, estábamos muy emocionados. Hablábamos constantemente (de la clasificación para la Copa FIFA Confederaciones) y soñábamos con ella", afirma Hudson. "Pero ahora todos necesitamos tener disciplina y dejar las emociones a un lado. Ahora todo el trabajo duro y las semanas de preparaciones tienen que dar frutos: sólo vale ganar”.
Seguramente, el mejor resultado que haya conseguido jamás Papúa Nueva Guinea se produjo en 1997, cuando se impuso a Nueva Zelanda por 1-0 en su primera campaña de camino al Mundial. Sigue siendo su única victoria contra los kiwis. Reeditar este sábado aquel logro de hace casi 20 años supondría un punto de inflexión para el fútbol del país, en un año en el que también la Copa Mundial Femenina Sub-20 de la FIFA se celebrará en la nación melanesia.