El decimosexto y último terreno de juego de la Copa Mundial de la FIFA 2026™ se instaló en el Estadio Houston el 4 de junio
Tener a punto los terrenos de juego de los estadios e instalaciones de entrenamiento del torneo de los récords formaba parte de un proyecto de cinco años de una magnitud y una complejidad sin precedentes
La intención del equipo es que todos los terrenos de juego ofrezcan las mismas condiciones a pesar de las grandes diferencias de clima y entorno de los estadios
El equipo, que ha dedicado su vida profesional a garantizar que los mejores partidos del mundo se disputen en superficies a la altura de las circunstancias, dio la "última puntada" el pasado 4 de junio en el Estadio Houston. Se trata del final del proceso de instalación de los 16 campos en los que se disputará la Copa Mundial de la FIFA 2026™.
El torneo de los récords, que contará con 48 selecciones participantes, ofrecerá un total de 104 partidos y se disputará en tres países (Canadá, México y Estados Unidos), ya tiene el verde listo a falta de una semana para el inicio.
Sin embargo, el trabajo aún no ha terminado. La "última puntada" es un hito, no el destino final. Poner a punto los terrenos de juego de los 16 estadios y de las 77 instalaciones de entrenamiento ha supuesto un reto sin precedentes. El equipo de mantenimiento del terreno de juego de la FIFA, dirigido por Alan Ferguson y Ewen Hodge, responsables de gestión e infraestructura de terrenos de juego, respectivamente, lleva trabajando más de cinco años en un reto de una complejidad enorme.
"No creo que exista nada parecido, la verdad", explica Ferguson, el escocés que ha supervisado el desarrollo, la instalación y el mantenimiento de los campos de todos los torneos de la FIFA desde que el órgano rector del fútbol mundial creó el equipo en septiembre de 2018.
Aunque la Copa Mundial de la FIFA™ destaca por su diversidad e imprevisibilidad, los terrenos de juego deben mantenerse siempre en las mismas condiciones partido tras partido e independientemente del estadio en el que se jueguen. Cuando los estadios están tan repartidos geográficamente y la temperatura, la altitud, la lluvia, la luz y la arquitectura son tan diferentes, se requiere un nivel excepcional de creatividad y diligencia.
Por lo tanto, el trabajo continuará durante todo el torneo, ya que Ferguson y Hodge dirigen un equipo de instalación y mantenimiento formado por más de 650 profesionales repartidos por los 16 estadios de las ciudades anfitrionas, y por un número similar destacado en las instalaciones de entrenamiento.
"Nos tomamos la última puntada como un hito, pero se trata de un proceso de dos fases: primero hay que construir los terrenos y luego hay que mantenerlos con vida", relata Hodge, un neozelandés que se incorporó a tiempo completo a la FIFA en 2023 tras haber trabajado con Ferguson en la Copa Mundial de la FIFA 2022™ en Catar.
"Se trata de un hito importante, pero ahora toca centrarse en el mantenimiento; no queda otra", añadió.
El proceso llevado a cabo en Houston (Texas), donde se disputarán siete partidos de la Copa Mundial de la FIFA 2026™, ejemplifica la complejidad y magnitud del reto al que se enfrenta el equipo de mantenimiento del terreno de juego. La "última puntada" suele darse mucho antes del inicio del torneo, pero la apretada agenda de los estadios norteamericanos limitó mucho el acceso. Además, las instalaciones techadas, como el Estadio Houston, debían terminarse más cerca de la fecha de inicio debido a la falta de luz natural.
Los 16 estadios tenían su propio calendario de instalación en función de otros acontecimientos (como el Mundial de Clubes FIFA 2025™), del clima o de cuestiones arquitectónicas. En algunos de ellos, las posibilidades de acceso fueron intermitentes. Otros, construidos para equipos de la NFL, necesitaban una reconfiguración de las gradas para dar cabida a los terrenos más anchos que se usan en la Copa Mundial de la FIFA™.
"Al Estadio Houston no pudimos acceder hasta el pasado 1 de mayo, por lo que apenas dispusimos de un mes y un par de días para completar el proceso", explica Hodge. "Colocamos una capa base de geoceldas en forma de panal de abejas, luego las tuberías de riego y encima unos 25 cm de arena. Pusimos el sistema de riego en marcha, nivelamos el terreno antes de colocar el césped y, finalmente, lo cosimos".
El cosido supone "la inclusión de un elemento híbrido", aclara Ferguson. La FIFA requiere que todos los campos de sus torneos de categoría absoluta incluyan fibras sintéticas inyectadas o cosidas, a unos 10-18 cm por debajo de la superficie, para aumentar la uniformidad y la durabilidad. Los campos deben estar preparados para soportar un fútbol rápido e intenso del más alto nivel, así como las diferentes ceremonias, ensayos y demás. Además, en las últimas rondas de los torneos, deben presentar las mismas condiciones que durante la fase de grupos.
El césped natural empleado en los estadios e instalaciones de entrenamiento se plantó entre marzo y agosto de 2025 y se cultivó en todo el continente para facilitar la logística, aunque en algún caso hubo que realizar grandes desplazamientos. Según Hodge, el trayecto más largo desde el vivero hasta el estadio fue de unos 2250 km.
El equipo de mantenimiento del terreno de juego tuvo que usar dos tipos de césped diferentes. Grama común para los campos de "clima cálido" y una mezcla de césped azul de Kentucky y ryegrass para los campos de "clima frío". Aquí es donde la incansable búsqueda de la uniformidad de los terrenos alcanzó un nivel superior.
"Uno de los cambios más importantes e interesantes que hemos encontrado ha sido analizar bien las diferentes alturas a las que cortamos el césped», explica Hodge. «En torneos anteriores, la altura siempre había sido la misma. Sin embargo, hemos descubierto que los diferentes tipos de césped (los de clima cálido y clima frío) se comportan igual a diferentes alturas de corte".
Hemos previsto y analizado todas las variables imaginables. La iluminación artificial se configuró y ajustó detenidamente en los estadios cubiertos. El equipo también tuvo que supervisar el flujo de aire de cada recinto (si lo había) y el aire acondicionado, que añade humedad al ambiente.
El propio césped también podía influir en el ambiente. "Durante las pruebas previas, se podía oler en algunos campos", afirma Hodge.
"En el momento en que el torneo se adjudicó a tres países, nos dimos cuenta de que nos encontraríamos con diferentes climas, zonas horarias y demás, y que todos estos factores supondrían un reto muy complicado, tanto por separado como en conjunto. Y así ha sido", admite Ferguson. "Aquí fue donde el programa de investigación de la Universidad de Tennessee y de la Universidad Estatal de Michigan empezó a cobrar sentido, ya que nos proporcionó la orientación necesaria sobre el tipo de césped que debíamos usar".
El proyecto de investigación sobre terrenos de juego de la FIFA se creó hace cinco años en colaboración con los famosos programas de tratamiento del césped de la Universidad Estatal de Michigan (MSU) y de la Universidad de Tennessee (UT). Los responsables de estos programas, los doctores John Rogers III (MSU) y John Sorochan (UT), habían participado ya en el desarrollo de los terrenos de juego de la Copa Mundial de la FIFA 1994™ que se disputó en Estados Unidos. En aquel Mundial se jugaron los primeros partidos en estadios cubiertos en la historia del torneo, concretamente en el antiguo Pontiac Silverdome, situado a unos 100 km de la MSU.
"Hemos confiado plenamente en el programa de investigación», afirma Ferguson. «Ha sido una de las partes más detalladas del proyecto".
Tras la "última puntada", el balón ya puede empezar a rodar. Aunque Ferguson y Hodge estarán muy atentos a lo que hagan Escocia y Nueva Zelanda, respectivamente, seguirán el torneo de una forma mucho más meticulosa y científica que el resto.
"Me fijaré en el bote y la rapidez del balón sobre la superficie y en cómo interactúan los jugadores con el terreno: si se resbalan o si pueden hacer todos los movimientos que quieren sin caerse. También me fijaré en el aspecto del terreno y en lo que aporta al espectáculo», dice Ferguson. «Estaremos atentos a las repeticiones. Si el balón bota mal, se aprecia claramente. Si un jugador se cae, ¿ha sido por el campo o por una entrada? Estamos pendientes de todos estos detalles y, si pasa algo o escuchamos algún comentario, lo transmitimos a nuestros equipos sobre el terreno después del partido".
El objetivo final es un tanto irónico: que nadie repare en los años de incansable trabajo del equipo de mantenimiento del terreno de juego de la FIFA.
"Nuestra esperanza es que los partidos se desarrollen sin la más mínima influencia del terreno de juego", concluye Hodge.