FIFA
jueves 28 julio 2016, 01:41

Los Futsalroos buscan un avance decisivo

Durante el último decenio, el fútbol ha dado en Australia un salto enorme, que ha alcanzado casi todos los ámbitos del deporte rey, desde las categorías inferiores hasta las selecciones nacionales absolutas. Sin embargo, el fútsal, pese a gozar de una relativa popularidad en los suburbios de los grandes centros urbanos del país, continúa en un segundo plano.

Pero aunque esta modalidad carezca de grandes recursos económicos y no ocupe titulares, sus principales impulsores —los integrantes de la selección nacional— muestran una pasión inigualable para conseguir que avance.

Australia viajará a la Copa Mundial de Fútsal de la FIFA Colombia 2016 con un objetivo muy claro: obtener la clasificación para las rondas eliminatorias. Los Futsalroos afrontan el que será su séptimo Mundial, y hasta ahora nunca han superado la fase de grupos. Si lo logran en Colombia 2016, podría haber importantes repercusiones para esta disciplina en su país.

“Hay muchos chicos que juegan al fútsal, pero en plena adolescencia tienen que elegir entre el fútsal y el fútbol”, explica a FIFA.com Greg Giovenali, capitán de la selección australiana. “Los jugadores jóvenes no lo ven como una verdadera trayectoria profesional. Para la mayoría, es una forma de desarrollar su fútbol, y estaría bien poder ofrecerles incentivos para que se queden el tiempo suficiente como para llegar a ayudar a la selección”.

A las puertas de la historia En el torneo, que empieza el 10 de septiembre, participan 24 naciones, de las que 16 estarán en las fases eliminatorias. Australia tiene ante sí un reto considerable, puesto que figura en la misma liguilla que Brasil, potencia global, Ucrania, un peso pesado de Europa, y la debutante Mozambique.

“Superar el grupo sería un logro enorme, el equipo y la nación harían historia”, señala Giovenali. “Todos nos fijamos como meta ser la selección que haga historia, ese es nuestro objetivo último”.

“Poder jugar contra Brasil, que es el mejor equipo del mundo, no es algo que ocurra todos los días, servirá para abrir los ojos, y también supondrá una gran oportunidad”, afirma Giovenali, quien tendrá la ocasión de reencontrarse en Colombia con Serginho, excompañero suyo en el Lazio y actual seleccionador de Brasil.

“No conocemos mucho a Mozambique, pero lo cierto es que ningún equipo se clasifica para el Mundial sin tener calidad. Ucrania es octava de la clasificación mundial, es un equipo con un gran físico, muy bien organizado y estructurado”, analiza.

“Queremos demostrar que podemos estar a su altura con nuestros recursos limitados, esa siempre ha sido una de las motivaciones del equipo. Una clasificación podría demostrar lo mucho que se conseguiría si tuviésemos un entorno más profesional o una liga, así que hacer un buen papel en el Mundial puede ser el primer paso para que el deporte avance”.

Sin atajos Y Giovenali ya sabe lo que se necesita para triunfar en la élite, puesto que fue al país de nacimiento de sus abuelos, Italia, para jugar en la prestigiosa liga italiana durante siete temporadas, en el Lazio. Es uno de los pocos australianos que han competido con la flor y nata del mundo en un campeonato nacional, como su compañero de los Futsalroos Toby Seeto, que disputó varias campañas en España.

La selección australiana es una de las ya pocas no profesionales que participan en el Mundial. Y aunque la etapa de Giovenali en el Lazio haya quedado atrás, él sigue ganándose dignamente la vida gracias al deporte que le apasiona. El jugador, oriundo de Sydney, trabaja como entrenador escolar de fútsal de manera intermitente desde hace diez años.

Giovenali y sus compañeros tienen una vida muy distinta a la de algunos de sus adversarios de la cita mundialista. Para empezar, la mayor parte de los integrantes del cuadro australiano juegan tanto al fútsal como al fútbol once, lo que, junto con sus respectivos oficios, implica un estilo de vida muy ajetreado. Giovenali dedica a los entrenamientos cuatro noches por semana en ambas modalidades, y juega al menos dos partidos a la semana.

“Es muy complicado conseguir compaginarlo todo”, dice Giovenali mientras se dispone a dirigirse a su próximo compromiso como técnico. “No queda mucho tiempo para la vida personal, sobre todo al prepararse para una campaña como esta. Se vuelve a casa los fines de semana cansado y sin ganas de hacer nada más”.

“Llega un momento en el que hay que elegir entre representar a tu país o dejar de ir a la fiesta de un amigo. Siempre hay esos momentos en los que uno se pierde algo. Es duro, pero a veces hay que hacer sacrificios. La recompensa llega cuando se canta el himno nacional antes de un partido de la selección, entonces todo vale la pena. Sólo de pensarlo se me ponen los pelos de punta”.