En Bakú (Azerbaiyán), aficionados y jóvenes futbolistas se reúnen para la primera Copa Mundial y Festival Sub-15 de la FIFA™, en la que 78 países participan por primera vez en una Copa Mundial de la FIFA™
Más de 2500 jugadores de las seis confederaciones compiten en el torneo. Cerca de 700 viajan por primera vez fuera de su país.
Más allá de los resultados, el torneo transmite un mensaje claro: el talento está en todas partes, pero las oportunidades no. El nuevo formato de festival de la FIFA busca solventar ese problema
Durante una semana extraordinaria, Bakú, la capital de Azerbaiyán, se ha convertido en el centro del mundo del fútbol.
La primera edición de la Copa Mundial y Festival Sub-15 de la FIFA™, en la que participan 189 federaciones miembro, reúne a jugadores de todos los continentes y contempla cerca de 1.000 partidos. Los partidos que cerrarán el torneo se jugarán el viernes 30 de octubre. Para muchos de los jóvenes que llegan a la villa de los deportistas, esta experiencia va mucho más allá de una competición: es su primer encuentro con el resto del mundo.
La idea es sencilla: el fútbol es para todos y está en todas partes. Sin embargo, llevarla a la práctica supone un hito histórico. De las 189 federaciones miembro presentes, 78 (cerca del 37 % del total de miembros de la FIFA) participan por primera vez en una competición de la Copa Mundial de la FIFA™. Para países cuyas historias futbolísticas rara vez tienen cabida en el escenario internacional, la Copa Mundial y Festival Sub-15 de la FIFA 2026 ofrece algo más valioso que un trofeo: visibilidad, un sentimiento de pertenencia y la posibilidad de soñar sin límites.
"Es un sueño hecho realidad", afirma Roberto Grassi, director de Torneos Juveniles de la FIFA. "Están acostumbrados a ver la Copa Mundial (de la FIFA) por televisión. Para ellos, estar aquí es realmente un sueño hecho realidad. Nos alegra muchísimo acompañarlos y ayudarlos a cumplirlo".
Una historia de superación
Entre los miles de jóvenes futbolistas que se han dado cita en Bakú, pocas historias reflejan mejor el espíritu del torneo que la de Sunil Damai.
El camino del centrocampista nepalí hasta el escenario mundial comenzó muy lejos de los focos de una competición internacional, en Martadi, una localidad del remoto distrito de Bajura, en Nepal. No tenía un campo en condiciones para entrenar, apenas contaba con el apoyo de su familia y tampoco veía un camino claro hacia el fútbol profesional. Pero había alguien que confiaba en él: su tío.
"Me encantaba jugar al fútbol desde muy pequeño. Nunca imaginé que llegaría tan lejos", cuenta Damai.
El joven atribuye a su tío, Dhurba Rokaya, un papel decisivo en su vida. Cuando necesitó viajar a Kanchanpur para participar en una prueba de selección a nivel distrital, Rokaya se hizo cargo de los gastos. El Raniban Sports Club también le brindó apoyo. A partir de ahí, Damai consiguió un puesto en la selección sub-13 de la Federación Nepalí de Fútbol y, con esfuerzo, logró dar el salto al equipo sub-15.
"Mi familia no me dejaba salir a jugar, así que tenía que escaparme para poder hacerlo de vez en cuando. Aunque no teníamos un campo donde jugar, aprendí por mi cuenta y finalmente logré entrar en la selección sub-13", recuerda.
Todavía tiene muy presente el momento en que vistió por primera vez la camiseta de Nepal.
Sentí que quería jugar por mi país y tuve la suerte de conseguirlo. Soñaba con marcar goles y confiaba en poder ayudar a mi país a ganar.
Historias distintas, sueños compartidos
La historia de Damai es una de las tantas en Bakú que pone de manifiesto la importancia de este torneo. Zayden Brown, defensa central de Montserrat, habla con una mezcla de incredulidad y orgullo que solo puede despertar la oportunidad de participar por primera vez en una competición mundial.
"Es increíble. Formar parte de la historia es algo alucinante", afirma. "Cuando todo esto termine, tendré muchísimas historias que contar".
Para Brown, representar a Montserrat supone una responsabilidad especial. A menudo los países pequeños suelen pasar desapercibidos y se subestima a sus jugadores incluso antes de que empiece el partido. Él quiere cambiar esa percepción, no con grandes promesas, sino con su desempeño en el terreno de juego.
«Como somos el país más pequeño, la gente suele subestimarnos. Por eso, cuando salimos al campo, queremos sorprender a todo el mundo y demostrar que en Montserrat también sabemos jugar al fútbol y que podemos dejar a nuestro país en alto», explica.
Su objetivo es igual de claro: «Cuando termine el torneo, quiero que la gente sepa que soy un gran defensa central y, sobre todo, una buena persona».
Para Jackson Tong, centrocampista de Sudán del Sur, el valor del festival está tanto en las relaciones que se forjan entre jugadores como en lo que ocurre en el campo. En Bakú, niños que quizá nunca habían conocido a alguien de otro continente ahora comparten campos, comidas, idiomas y risas.
He conocido a chicos de otros países y nos hemos hecho amigos. Aunque a veces el idioma sea una barrera, hemos conseguido relacionarnos. A veces simplemente nos saludamos y nos decimos 'hola'".
Incluso ha aprendido alguna que otra frase durante el torneo. "He aprendido a decir '¿Cómo estás?' en español", comenta entre risas, consciente de que todavía le cuesta recordar todas las palabras.
Vestir los colores de Sudán del Sur no es para Tong un honor abstracto. Es un logro personal que ha alcanzado entre millones de jóvenes que comparten el mismo sueño.
"Entre millones de personas que quieren representar a su país, me eligieron a mí. Ahora soy uno de los representantes de los niños de Sudán del Sur", afirma. "Para mí es un sueño. Estoy emocionado y muy orgulloso".
No obstante, sus palabras más conmovedoras llegan al final: "Si marco un gol en este torneo, se lo dedicaré a mi madre".
Mucho más que una competición
La Copa Mundial y Festival Sub-15 de la FIFA se diseñó para que los jóvenes tengan la cantidad máxima de oportunidades de jugar y desarrollarse, en lugar de quedar eliminados en las primeras rondas. El formato de ocho contra ocho, los partidos más cortos y las distintas categorías de competición permiten que los equipos sigan jugando, aprendiendo y creciendo, en vez de regresar a casa después de una sola derrota.
Esta estructura refleja la filosofía del Programa de Desarrollo del Talento de la FIFA: el talento está en todas partes, pero las oportunidades no. Bakú representa un paso para corregir ese problema y conseguir que un joven de una zona remota de Nepal, un defensa central de Montserrat y un centrocampista de Sudán del Sur puedan compartir escenario internacional con jugadores de las grandes potencias del fútbol.
Cuando suene el pitido final del torneo, habrá ganadores. Pero el logro más importante quizá ya se haya alcanzado: 78 países han participado por primera vez en una competición mundial de la FIFA, cientos de niños han viajado fuera de su país por primera vez y miles han descubierto que el mundo es mucho más grande —y, a la vez, está mucho más cerca— de lo que imaginaban.
Darle una oportunidad a cada talento ya no es solo un lema. En Bakú, esta idea tiene un rostro, una camiseta, un país... y un sueño.