Mueller y un primer gol muy especial
Matthias Mueller sufre una enfermedad que le reduce la visión al 10%
Juega en el SC Aadorf y es un gran seguidor del Liverpool FC
"¿Experiencias negativas? ¡Por suerte, ninguna!", dice a FIFA.com
Matthias Mueller sufre una discapacidad visual denominada acromatopsia, una enfermedad congénita que le ha reducido la visión al diez por ciento y que le impide distinguir los colores.
Pero este joven de 25 años siempre ha jugado al fútbol, a pesar de todo. A los doce ingresó en el SC Aadorf, pasó por todas las categorías juveniles del club y, finalmente, dio el salto al primer equipo. ¿Su mejor experiencia hasta la fecha en un campo de fútbol?
"Sin duda, el primer gol. O, mejor dicho, los dos primeros goles que marqué con el primer equipo", cuenta Mueller en su charla con FIFA.com.
"Me costó mucho tiempo adaptarme a la velocidad del juego y, cuando marqué mi primer gol, todos me felicitaron. Los espectadores, con los que normalmente no tengo mucho contacto, también lo hicieron. Y me seguían felicitando una semana después. Todas las personas del club se alegraron muchísimo de que por fin llegara mi primer gol. Ahí es donde comprendí de verdad cuánto valora mi equipo que practique este deporte".
Qué es la acromatopsia
Es una enfermedad congénita y muy poco común de la retina
Las personas que la padecen apenas pueden distinguir los colores, o no los distinguen en absoluto
Capacidad de visión muy limitada: entre un 5% y un 15% de la agudeza visual normal
Sensibilidad extrema a la luz: si hace mucho sol, pueden perder la facultad visual prácticamente por completo
Perciben los colores en una gama de grises que va del negro al blanco

Y lo que para otros futbolistas no son más que lances normales del juego, para Mueller son situaciones que entrañan mucha dificultad.
"Al jugar, la velocidad me supone un gran problema. Igual que cuando el balón viene bombeado, ya sea en un saque de puerta o en un centro. Se me hace muy difícil. Si tengo que mirar hacia arriba, tardo mucho en ver la pelota, por lo que normalmente espero a que bote cerca de mí. Prefiero los pases rasos", explica este ingeniero mecánico, que no se separa de unas gafas de sol tintadas de color rojo y naranja para protegerse de la luz.
"Lo peor es cuando el día está despejado y hace mucho sol, porque entonces veo menos que cuando jugamos de noche y hay luz artificial. Eso sí, no puedo mirar directamente a los focos. Me va mucho mejor si el cielo está oscuro".
Mueller tampoco lo tiene fácil para distinguir a sus compañeros o a sus rivales por el color de la camiseta. Fijarse en las medias o en los pantalones de los jugadores le ayuda a diferenciar entre unos y otros. Y no solo lo tiene difícil a la hora de jugar al fútbol. Su dolencia también le dificulta ver con normalidad los partidos en directo.
"La distancia es el mayor problema. Siempre veo los partidos con prismáticos, de manera que veo una parte muy reducida del terreno de juego", señala el jugador del SCA. "Si un equipo viste de rojo y el otro de blanco, los distingo muy bien. En el Liverpool sé perfectamente dónde juega cada uno, y con la selección suiza me pasa lo mismo. Distingo más o menos quién es quién. También me ayuda el hecho de llevar tantos años jugando al fútbol, porque me permite intuir adónde va dirigido un centro".
Afortunadamente, Mueller no ha tenido que sufrir reacciones negativas en la cancha. En su entorno y en su club conocen su situación desde hace mucho tiempo. "A veces, después o incluso durante los partidos, me preguntan por qué llevo gafas de sol. Sin ir más lejos, me lo preguntaron hace un par de semanas, pero yo se lo explico rápido".