Imaginen unas vacaciones de verano sin helados, procurando cuidarse lo más posible, sin ver demasiado a los amigos… ¿Duro, no? “La gente puede pensar que es un sacrificio, pero para nosotras no. Jugar un Mundial lo compensa absolutamente todo”. Por compensar, a Lucía Rodríguez hasta le compensa no probar uno de sus platos favoritos, los huevos rotos con jamón, en una buena temporada. “Es lo que pido siempre que vuelvo a casa de las concentraciones”, dice entre risas.
Todo sea por la palabra mágica, ésa que sus familiares y amigos han oído hasta la extenuación en los últimos meses, concretamente desde que España se clasificó en mayo para la Copa Mundial Femenina Sub-17 de la FIFA 2016. “¿Que cuántas veces nombro al día ‘Jordania’? Dos o tres veces al menos… Estas vacaciones era escandaloso. Al final lo único que estás deseando es que se acaben para jugar el Mundial”, reconoce.
Un Mundial que llega después de años de entrenos y partidos, desde que a los 6 años tomara una decisión. “Antes hacía natación, pero no me gustaba nada. Siempre había jugado a fútbol con mis compañeros, y llegó un punto en el que le dije a mi padre: ‘mira, ya sé nadar. Llévame a fútbol’. Por suerte, tanto él como el resto de mi familia siempre me han apoyado en esto”. Quizás la natación perdió una estrella en ciernes, pero el fútbol ganó una defensa rápida, talentosa y con madera de líder.
Improvisando discursos “¡Vamos capi!”, la animan sus compañeras antes del inicio de esta entrevista con FIFA.com. Pero Lucía, una de las tres capitanas del equipo, no necesita que la jaleen demasiado. A sus 16 años responde a las preguntas como si llevara toda la vida haciéndolo. Será la veteranía… “Sí suena un poco raro eso de ser ‘veterana’, pero ya llevo dos años en la sub-17”. De hecho, es una de las 8 jugadoras del equipo que puede presumir de haber jugado los Europeos de 2015 –en el que España quedó campeona– y 2016 –donde perdieron la final con Alemania en los penales–.
Entonces, el grupo se llevó una desilusión tremenda, pero no tardó en levantar la cabeza. Y Lucía y uno de sus discursos tuvieron bastante que ver. Porque la jugadora no duda en tomar la palabra cuando la situación lo requiere y sus charlas tienen fama. “Mejor improvisadas, porque si me las preparo luego se me olvida y es peor”, reconoce riendo.
En el vestuario del Bate-Borisov Arena, viendo a sus compañeras en un mar de lágrimas, las palabras salieron solas. “En los momentos malos como ése es donde se ve si somos un equipo de verdad. Las otras dos capitanas, Noelia (Ramos) y Laia (Ailexandri), y yo vimos que era necesario tranquilizar a la gente. Se había perdido una final, pero nos quedaba algo muy bonito y teníamos que tirar para delante para llegar con las mejores sensaciones a Jordania”. A la vista de la sonrisa radiante que exhibe ahora, el disgusto está más que superado.
Una experiencia única Además, España llegará a tierras jordanas con la etiqueta de favorita por su condición de potencia europea y de subcampeona mundial de la categoría en Costa Rica 2014. “Seguramente ganarnos va a ser un plus para las demás selecciones, pero es algo a lo que nos tenemos que acostumbrar y conseguir que nos motive. Decirnos a nosotras mismas ‘si somos favoritas, vamos a demostrar por qué lo somos’. Y jugar incluso mejor”.
¿Y cómo se imagina Lucía su primer Mundial? “Ufff… Prefiero no ir con una idea fija previa, pero va a ser brutal”. La cara se le ilumina. “He hablado con chicas que estuvieron en Costa Rica y me han dicho que ha sido la mayor experiencia futbolística que han tenido. Que es difícil de explicar, pero que lo aproveche al máximo y disfrute cada minuto que esté allí”.
Y Lucía y sus compañeras están más que dispuestas a seguir el consejo… y a volver con el trofeo de campeonas. “Hay que tener calma y no querer correr. Primero pasar la fase de grupos, que no va a ser fácil, luego a ver con quién toca en los cruces… Decir ‘vamos a por el Mundial’ suena muy grande, pero al final, yo voy al Mundial a ganarlo. Si no, ¡no iría!” Así, además, esas vacaciones ‘sacrificadas’ habrán valido, y mucho, la pena.