A Soline Djoubi le costaba creérselo. Era ella quien acaparaba toda la atención, aunque, al recorrer la sala con la vista, podía distinguirse a un tal Roger Milla, leyenda de la Copa Mundial de la FIFA™, a varios ministros cameruneses, al presidente de la Federación Camerunesa de Fútbol y a su Comité Ejecutivo.
Era el 1 de abril de 2016, y toda esa gente ilustre se había reunido para homenajear a Djoubi y sus compañeras de la selección sub-17, que acababan de clasificar por primera vez a Camerún para una Copa Mundial Femenina Sub-17 de la FIFA. Al igual que los demás insignes invitados, la capitana de las Leoncitas debía prestarse al juego de los discursos. Su voz era tímida y vacilante –lo cual no sorprendía especialmente en una joven de 16 años–, y lo sigue siendo unos meses más tarde cuando FIFA.com le tiende su grabadora.
Sin embargo, basta con evocar el recuerdo de la clasificación para que el volumen de su voz aumente: “Ha pasado un tiempo desde que nos clasificamos, pero siempre es un placer volver a hablar de ese momento”, empieza diciendo, con un tono que, esta vez, rezuma seguridad y entusiasmo. “Sobre todo porque sufrimos muchísimo durante la fase de clasificación. Eso hace que la emoción sea todavía más intensa”, añade, en alusión a un encuentro de la primera ronda en Etiopía que podría haber acabado prematuramente con la aventura de las camerunesas.
Aprovechar la ocasión En la ida, Camerún venció por 2-1 en Douala gracias a dos tantos de Djoubi; pero en la vuelta, en Adís Abeba, al viajar con una renta tan exigua la cosa se complicó. “Íbamos perdiendo 2-0 y, en el minuto 87, por fin logramos meter un gol e igualar la eliminatoria”, recuerda la capitana, en relación al tanto de Alexandra Takunda Engolo que casi hizo olvidar el reglamento a las camerunesas. “Reclamamos a la árbitra que se jugase la prórroga, porque veíamos que las etíopes estaban cansadas. Pero ella se negó, porque en esta categoría de edad debe irse directamente a la tanda de penales”.
Djoubi convirtió el primero de una serie que, tras seis lanzamientos por bando, acabaron ganando por 5-4. “Fueron dos partidos dificilísimos”, insiste. “Pero esas dificultades, el cansancio físico y todos los esfuerzos quedan hoy muy atrás. La fase de clasificación está olvidada; estamos en forma y listas para el Mundial. Solamente deseamos una cosa: estar allí”.
La voz que responde a nuestras preguntas es siempre la misma, pero después de los primeros minutos de entrevista, el tono es diferente. Puede percibirse por qué el seleccionador Minkreo Birwé le confió el brazalete, y es fácil imaginársela motivando a sus compañeras. “Voy a decirles que un Mundial tal vez ocurra una sola vez en la vida. Esa oportunidad nos la han concedido, y hay que saber aprovecharla”, señala, al preguntarle cuál será su discurso antes del primer compromiso de Camerún en Jordania. “Hay que escribir nuestros nombres en los libros de historia; será algo formidable. Tendremos que darlo todo, porque en un Mundial no se perdonan los errores”.
Y menos cuando sus rivales en el Grupo B se llaman Alemania, Canadá y Venezuela, tres valores seguros en esta categoría de edad… Pero en vez de preocuparse por el futuro, Soline prefiere tranquilizarse mirando al pasado. Hace un año, pudo admirar por televisión las hazañas de sus ‘hermanas mayores’, que también participaban en su primera Copa Mundial Femenina de la FIFA™.
“Demostraron que, para hacer un buen campeonato, no es necesario ser una selección asidua de los Mundiales ni disponer ya de una amplia experiencia”, comenta en relación a las Leonas indomables, que lograron clasificarse para la segunda fase de Canadá 2015 gracias a un juego ofensivo y espectacular, aunque luego no pudieron deshacerse de la RP China en octavos de final. “Si no hubieran estado un poco desacertadas contra China, podrían haber llegado muy lejos. Hicieron soñar a todo el mundo, e inspiraron a muchas jóvenes camerunesas a apasionarse por el fútbol”.
Soñar está permitido A sus 16 años, la capitana de las Leoncitas es una de esas jóvenes, aunque en su caso, la pasión por el balompié tiene otros orígenes. “Cuando era pequeña, daba patadas al balón con mis hermanos mayores, y ni siquiera sabía que existía el fútbol femenino”, nos cuenta como si hablase de una infancia lejana, aunque los torneos de vacaciones que disputaba se remontan a hace apenas dos o tres años. Cuando tenía 14 años, recaló en el AS Police. Al año siguiente fichó por el Canon de Yaundé y, al cabo de unos meses, se estrenó en las concentraciones de las selecciones sub-20 y absoluta. La experiencia acumulada le permitió brillar en las dos eliminatorias de clasificación para el Mundial sub-17 contra Etiopía y Egipto, y aspirar a cotas muy altas en la próxima cita jordana.
“Creo que Camerún puede ganar este Mundial, y todas las selecciones clasificadas deben tener esa misma ambición”, asevera Djoubi, quien admira en categoría masculina “al gran nueve, Samuel Eto’o” –aunque lleva el número 8 por otro ídolo, Andrés Iniesta–, y, en féminas, a la artillera de las Leonas indomables Gaelle Enganamouit y a la brasileña Marta. “Es nuestra primera participación, pero esperamos llegar lo más lejos posible; no nos abstenemos de soñar. Nuestro principal punto fuerte está en el plano psicológico. No basta con tener buenas cualidades físicas y técnicas, sino también una mentalidad muy fuerte”.
Lo cual no es incompatible con una vocecita muy suave, que tendría que volver a utilizar en numerosos discursos si volviese a Camerún con el trofeo…